Tu internet lento no siempre es culpa del proveedor

¿Te encuentras pagando por una velocidad de internet y recibiendo la mitad? No te precipites en culpar a tu compañía. La causa podría estar mucho más cerca de tu router.

¿Qué velocidad estás realmente obteniendo?

¿Qué velocidad estás realmente obteniendo?

Lo habitual es que tu enrutador ofrezca la velocidad contratada en tu plan de internet. Es decir, los Mbps que figura en la factura deberían ser la cifra que realmente experimentas. Pero, ¿qué ocurre cuando no es así?

Una prueba de velocidad revela números significativamente inferiores a los esperados. Un plan de 600 Mbps que se traduce en 300-500 Mbps reales. ¿Por qué?

La respuesta no siempre reside en tu proveedor de servicios. Factores técnicos, a menudo pasivos, pueden estar limitando el rendimiento de tu red doméstica.

El primer paso es descartar la conexión inalámbrica. Un test directo con un cable Ethernet conectado al ordenador es el indicador más fiable. Si la velocidad se acerca al 100% contratado, el problema reside en la conexión WiFi.

La velocidad anunciada por las compañías son, generalmente, cifras teóricas. Rendimientos reales suelen situarse entre el 30% y el 50% de la cifra ofrecida. Una estrategia de marketing que, a menudo, resulta engañosa.

Pero la situación no termina ahí. La proliferación de dispositivos conectados, desde smartphones hasta Smart TVs, genera una competencia por el ancho de banda. Cada uno exige una parte, ralentizando la conexión general. Optimizar las bandas de frecuencia 2.4 GHz y 5 GHz para cada dispositivo es una medida básica.

La ubicación del router es un factor determinante. Un enrutador encajado en un armario cerrado o cerca de aparatos electrónicos puede verse seriamente afectado. Busca un lugar central, elevado y libre de obstáculos. Superficies reflectantes, como espejos o paredes de agua, también pueden desviar la señal Wi-Fi.

Además, la presencia de otros enrutadores cercanos puede generar saturación de canales. Cambiar el canal de funcionamiento (a través de la interfaz 192.168.1.1 o 192.168.1.0) puede aliviar este problema.

Si después de estas comprobaciones la velocidad sigue siendo insatisfactoria, la actualización del router o la adopción de tecnologías como WiFi 6 o WiFi Mesh podrían ser la solución. Pero recuerda: a veces, la respuesta está en la disposición de tus dispositivos, no en la factura de tu proveedor.

La cuna de la conectividad doméstica, aparentemente simple, es un ecosistema delicado. Ignorar sus variables es condenarse a una experiencia digital subóptima.