Ojo al golfo: la guerra con irán desata una crisis energética con consecuencias globales

El estallido de tensiones en el Golfo Pérsico, impulsado por la escalada de acciones militares de Estados Unidos contra Irán, ha detonado una crisis energética de proporciones inéditas, sacudiendo los mercados y reconfigurando la geopolítica mundial.

El vacío de suministro y el auge de los precios

El vacío de suministro y el auge de los precios

Mientras Washington intensifica su presión sobre Teherán, las refinerías estadounidenses disparan su producción de hidrocarburos, anticipando un aumento exponencial en las exportaciones aprovechando el cierre del estrecho de Ormuz. Pero esta estrategia estadounidense se enfrenta a una realidad brutal: Europa, convertida en un mero espectador, se encuentra en una posición de vulnerabilidad, reducida a un ‘price taker’ – pagador sin influencia – en todos los mercados energéticos.

“Es difícil mantener el optimismo sobre Europa como antes”, asegura Helen Jewell, directora de inversiones en bolsa internacional de Blackrock. “No podemos hablar de que Europa sea una apuestabarata; la situación ha cambiado radicalmente”.

La crisis, lejos de ser un mero incidente, reabre el debate sobre la importancia del factor geográfico en la inversión. La destrucción física de infraestructuras clave en el Golfo, un proceso que tomará meses, y la necesidad de reconstruir las reservas estratégicas, ejercerán una presión al alza sobre los precios del petróleo y el gas natural.

Mirova, del grupo francés Natixis IM, advierte de una “naturaleza no lineal” en esta crisis, anticipando precios energéticos estructuralmente más altos que los registrados previo al conflicto. La firma gala proyecta un barril de Brent en torno a los 150-200 dólares y un gas natural en los 100-150 euros / MWh. Un escenario, según sus cálculos, que supera con creces las previsiones iniciales.

Pero la situación no es tan sombría para todos. Stephen Auth, director de inversiones de renta variable de Federated Hermes, mantiene una perspectiva más cautelosa, argumentando que “si no puede pasar, no pasará”. Su firma apuesta por la resolución constructiva del conflicto, minimizando el impacto en la expansión de Wall Street, manteniendo objetivos de 7.500 puntos para el S&P 500 en 2026 y 8.200 para 2027. La clave, según Auth, radica en que los mercados están calibrando la realidad: la diferencia de valoración entre Europa y Estados Unidos se ha reducido significativamente.

Yves Bonzon, jefe de inversiones de Julius Baer, aporta un matiz optimista, señalando que los mercados, impulsados por anuncios de alto el fuego, están recuperando la fe en la cordura. Sin embargo, Bonzon advierte que 2026 marcará un antes y un después en la autonomía energética y tecnológica, un factor que deberá tener en cuenta cualquier inversor.

La guerra con Irán, por tanto, no es solo un “recordatorio” para el mercado europeo; es una prueba tangible de la transición hacia un nuevo orden mundial, donde la autosuficiencia estratégica se erige como principio fundamental. Los mercados, en definitiva, comenzarán a incorporar la jerga de la crisis actual en su vocabulario, reconociendo la vulnerabilidad de las rutas críticas, como el estrecho de Ormuz. No se trata solo de fluctuaciones del precio; se trata de una reconfiguración profunda de las relaciones de poder y de las cadenas de suministro.