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La ia y el peligro de pintar a los niños

“Los niños no son cuadernos para colorear. No los puedes pintar con tus colores favoritos.” Esa sentencia de Khaled Hosseini, sacada de ‘Cometas en el cielo’, resuena con una fuerza inquietante en la era de la inteligencia artificial. La frase, aparentemente simple, es un golpe de realidad a la paternalidad hiper-controladora.

Un legado de expectativas impuestas

Jensen Huang, CEO de Nvidia, lo pone en evidencia con su advertencia: “Con la inteligencia artificial, lo que estudien tus hijos ya no importa”. Y ahí reside el núcleo del problema. La metáfora del ‘libro para colorear’ ilustra con precisión la tendencia a imponer, a diseñar la vida de los jóvenes según nuestros propios deseos, a menudo ahogando su potencial en un mar de expectativas familiares que no son suyas.

Es una dinámica que trasciende el ámbito doméstico. La presión por el rendimiento académico, el éxito profesional, la imagen social… todo se traduce en una carga invisible que pesa sobre la infancia. Los hijos crecen sintiendo que responden a un repertorio de expectativas ajenas, antes incluso de comprender quiénes son realmente.

La desconexión entre afecto e identidad

La desconexión entre afecto e identidad

Hosseini no aboga por la ausencia de límites ni el desinterés parental. Su crítica se centra en la errónea idea de que educar equivale a construir una persona desde fuera. Se trata de acompañar su desarrollo, de permitir que descubra sus propios colores, sus propios límites, su propio camino.

Pero la reflexión del escritor afgano-estadounidense se vuelve especialmente urgente en el contexto actual. La llegada de la IA amenaza con radicalizar aún más esta dinámica, ofreciendo soluciones prefabricadas, algoritmos de optimización que, paradójicamente, pueden limitar la autonomía y la creatividad. Javier de Haro, psicólogo, advierte sobre el efecto oculto de que los niños hagan deberes con IA: “Pierden capacidad de pensar”. La herramienta, en lugar de ser un aliado, se convierte en un instrumento de control, un espejo distorsionado de nuestras propias frustraciones y sueños no cumplidos.

La obra de Hosseini, con su exploración de culpa, pérdida y redención, se mantiene vigente porque aborda una verdad fundamental: criar no consiste en decidir qué colores debe tener otra persona. Se trata de ofrecerle el lienzo, los pigmentos y la libertad para pintar su propia vida. Y eso, en un mundo cada vez más artificial, es un acto de valentía y un deber ineludible.