La bonanza del stock-option: ¿un espejismo que se desvanece?

El festín de compensaciones en acciones, un pilar de la cultura empresarial tecnológica durante años, se tambalea. La reciente ola de caídas bursátiles, alimentada por la incertidumbre en torno a la inteligencia artificial, ha revelado un coste oculto que los inversores no pueden ignorar.

¿El fin de un modelo lucrativo para los empleados?

¿El fin de un modelo lucrativo para los empleados?

Durante años, las empresas de software incentivaron a sus empleados con acciones, una práctica que prosperó gracias a la constante subida de los mercados. La recompensa era directa: un aumento del patrimonio personal si la empresa prosperaba. Pero esta estrategia, que evitaba la necesidad de desembolsar efectivo en nóminas, ha empezado a generar dudas.

Empresas como Salesforce y Workday, que durante años priorizaron el stock-option, han modificado sus prácticas. Salesforce, por ejemplo, destinó 3.500 millones de dólares al stock-option el año pasado. Sus ganancias ajustadas por acción, excluyendo este gasto, se situaron en 12,52 dólares. Incluyéndolo, la cifra se desplomaba a 7,80 dólares. Jackson Ader, analista de software de Keybanc Capital Markets, lo define como “una mala práctica empresarial” en tiempos de crisis, una forma de ocultar gastos subyacentes.

La controversia no es nueva. En 1993, Warren Buffett ya cuestionó la práctica, argumentando que las adjudicaciones de acciones debían tratarse como un gasto normal. Las grandes tecnológicas como Apple y Microsoft, sin embargo, integraron estas compensaciones en sus indicadores financieros. Nvidia, el mes pasado, decidió dejar de excluir estos gastos de sus resultados ajustados, dejando a Tesla como la única de las