Crisis energética: la guerra en oriente medio amenaza con repetir las crisis de los 70

La crisis energética global ha alcanzado niveles alarmantes, según alertó el director de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), Fatih Birol. El conflicto en Oriente Medio, específicamente la ofensiva de Estados Unidos e Israel contra Irán y las represalias posteriores, ha provocado la pérdida de 11 millones de barriles diarios, superando incluso las dos mayores crisis petroleras de la década de 1970.

El estrecho de ormuz, en bloqueo y al borde del colapso

El estrecho de ormuz, en bloqueo y al borde del colapso

Birol comparó la situación actual con las crisis de 1973 y 1979, cuando la pérdida diaria de petróleo rondaba los cinco millones de barriles. El problema radica en el Estrecho de Ormuz, una ruta vital por la que transita alrededor del 20% del petróleo y gas natural licuado (GNL) mundial. Su bloqueo, resultado de la escalada de tensiones, está impulsando los precios del crudo, el gas y el combustible de aviación, afectando a sectores tan diversos como el alimentario, el manufacturero, el sanitario y el tecnológico.

El barril de Brent, referencia en Europa, ascendió un 2% este lunes, superando los 109 dólares, una cifra muy superior a los 72 dólares que registraba antes del inicio del conflicto. Esta subida no es un evento aislado; las consecuencias se materializan ya en el aumento de los costes de producción y transporte a nivel mundial.

La gravedad de la situación se agrava con los daños sufridos en 40 infraestructuras energéticas en nueve países de la región, consecuencia directa de los ataques. El conflicto amenaza con desestabilizar la economía global, ya que la interrupción del flujo de energía podría tener efectos devastadores en el crecimiento económico y el bienestar social.

Birol ha instado a una colaboración global urgente, involucrando a países como China, Estados Unidos, los países de Oriente Medio, Australia y Europa. La alternativa es una escalada de precios y una mayor inestabilidad económica. La carrera por minimizar el impacto de esta crisis es ahora una prioridad para líderes mundiales.

La crisis no se limita a un problema geopolítico; revela la fragilidad de un sistema energético dependiente de regiones propensas a conflictos. La búsqueda de alternativas y la diversificación de fuentes de energía se han convertido en imperativos estratégicos.

La situación actual es un claro recordatorio de que la paz y la estabilidad energética están intrínsecamente ligadas. La incertidumbre persiste, y las implicaciones a largo plazo podrían reconfigurar la geopolítica mundial.

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