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Agricultor estadounidense rechaza 13 millones de euros para proteger sus tierras de la ia

Un agricultor de 86 años en Pensilvania ha decidido apostar por la conservación de sus tierras frente a una oferta millonaria de promotores de un centro de datos de inteligencia artificial. Mervin Raudabaugh, propietario de 105 hectáreas, ha optado por blindar legalmente sus campos, evitando así la expansión de la infraestructura tecnológica.

La agricultura frente a la inteligencia artificial

La agricultura frente a la inteligencia artificial

La propuesta, que ascendía a más de 13 millones de euros, buscaba transformar las tierras de cultivo en un complejo de servidores, sistemas de refrigeración y acceso especializado. Este tipo de instalaciones se están expandiendo rápidamente en zonas rurales, impulsadas por la creciente demanda de servicios de computación en la nube y aplicaciones de IA. La ley de Einstein, que establece que la energía no se crea ni se destruye, es el desafío que proyectos como ITER intentan superar, pero Raudabaugh prefiere mantener sus campos como tal.

El agricultor, que ha dedicado más de seis décadas a cultivar maíz y otros productos, no contaba con herederos para continuar la explotación. En lugar de vender, firmó un acuerdo con Lancaster Farmland Trust por aproximadamente 1,9 millones de dólares (1,6 millones de euros). Esta organización utilizará servidumbres de conservación para garantizar que la propiedad permanezca en manos agrícolas de forma permanente, protegiéndola de desarrollos residenciales, comerciales o industriales.

La decisión de Raudabaugh refleja una creciente preocupación por la pérdida de tierras agrícolas en Pensilvania, donde miles de acres se pierden cada semana debido a diversas construcciones. La llegada de centros de datos agrava esta situación, presionando un suelo ya limitado. Para el agricultor, aceptar la oferta habría significado destruir décadas de trabajo y la continuidad de una tradición familiar.

La cifra habla por sí sola: 1,9 millones de dólares por la preservación de tierras agrícolas en un contexto de expansión tecnológica. Una apuesta por el pasado, quizás, pero también por un futuro donde la agricultura no sea relegada a un segundo plano.