Cnmc castiga a ibai, wild y nachter: ¿fin de la impunidad digital?

La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) ha asestado un duro golpe a la cultura de la permisividad en el universo digital, imponiendo multas a tres de los creadores de contenido más populares de España: Ibai Llanos, Jordi Wild y Nachter. La justificación, más allá de las cifras, abre un debate crucial sobre la responsabilidad legal de los influencers y la vigilancia del contenido en plataformas como YouTube, Instagram y X.

La era uer: cuando la popularidad conlleva obligaciones

La era uer: cuando la popularidad conlleva obligaciones

La CNMC ha calificado a estos creadores como Usuarios de Especial Relevancia (UER), una etiqueta que, en la práctica, significa que su amplia audiencia les coloca bajo un escrutinio mucho mayor que al usuario medio. No es lo mismo que un canal de bricolaje con ocho espectadores; aquí hablamos de figuras con millones de seguidores, cuyas acciones tienen un impacto directo en la percepción y el comportamiento de su público.

El caso de Ibai Llanos, por ejemplo, se centra en la promoción de una bebida alcohólica durante La Velada. La infracción, según la CNMC, reside en la ausencia de una señalización clara que diferenciara la comunicación comercial del contenido editorial. En esencia, el espectador debía saber, de forma inequívoca, que aquello era publicidad, no un comentario espontáneo. La multa, aunque reducida por pago anticipado, deja claro que la ambigüedad no es una opción.

Jordi Wild, por su parte, se enfrenta a sanciones por la falta de calificación adecuada en vídeos relacionados con el “Dogfight Wild Tournament”, unos combates de contacto extremo que, según la CNMC, debían haber sido advertidos y clasificados. La ausencia de las etiquetas necesarias para que los algoritmos identificaran estos contenidos como potencialmente problemáticos ha generado la sanción.

Pero quizás el caso más llamativo es el de Nachter, quien ha sido multado por publicidad de medicamentos (“antigripales”) en Instagram y Facebook, sin cumplir con los requisitos básicos de la ley: la invitación a leer el prospecto o a consultar con un farmacéutico. La ironía es palpable: creadores de contenido profesionales, con equipos de edición a su disposición, desconocen las leyes básicas que rigen su actividad.

Lo que nadie cuenta es que esta situación no es un caso aislado. El auge de la economía de los creadores ha traído consigo una suerte de “salvaje oeste” digital, donde las leyes parecen una mera sugerencia. Un arquitecto no se atreve a construir una casa sin respetar el código de edificación; ¿por qué un influencer debería ignorar las reglas del juego?

La cifra habla por sí sola: 710 euros para Ibai, 1.543,44 euros para Wild y 1.779,94 euros para Nachter. Pero la verdadera multa es la que deja esta situación: la pérdida de confianza de la audiencia, la erosión de la credibilidad y la necesidad urgente de establecer un marco legal claro y efectivo para la economía de los creadores. Esta no es una cuestión de censura, sino de responsabilidad. Y el mensaje de la CNMC es claro: la impunidad digital ha terminado.