Europa se lanza a la carrera del hidrógeno: un banco para frenar a china

La Unión Europea ha dado un giro inesperado en su estrategia industrial: se enfrenta a China en el mercado del hidrógeno verde. Tras años de confiar en la innovación y la regulación, ahora apuesta por la financiación directa y, sobre todo, por evitar la hegemonía tecnológica china.

Un banco para el hidrógeno renovable

Un banco para el hidrógeno renovable

El proyecto, bautizado como Banco Europeo del Hidrógeno, no es un banco tradicional. Será un mecanismo de inversión pública, basado en subastas donde las empresas compiten por obtener ayudas a cambio de producir hidrógeno verde. La idea, lejos de ser una simple subvención, es crear un ‘puente’ para cerrar la brecha de costes con el hidrógeno producido a partir de combustibles fósiles, todavía mucho más barato de generar.

La clave reside en la creciente dominación de China en tecnologías energéticas: desde paneles solares hasta baterías, el gigante asiático parece adelantarse a casi todo. Europa, consciente de este riesgo, busca replicar este patrón, pero con un enfoque diferente. Se trata de garantizar la autonomía estratégica y la competitividad en un sector crucial para la transición energética.

La iniciativa japonesa de un motor que utiliza un 30% de hidrógeno en su combustión, prevista para el próximo año, ejemplifica la apuesta por esta tecnología. Pero el verdadero desafío es evitar que China, con su clara ventaja en costes, se consolide como líder indiscutible en la fabricación de electrolizadores, los componentes esenciales para la producción de hidrógeno verde.

Para contrarrestar esta amenaza, la UE no solo subvenciona proyectos, sino que introduce medidas restrictivas. En algunos casos, se limitará el uso de componentes extranjeros en las inversiones públicas, lo que busca fortalecer la cadena de suministro europea. La estrategia, en definitiva, es impulsar la producción local y reducir la dependencia de terceros. Esta medida podría generar tensiones comerciales, pero refleja la determinación de la UE de no seguir siendo un mero espectador en la revolución energética.